Baltarius Kalerio

Garif de las montañas, cazador y geomante, de piel de color blanco nieve y pelo color celeste, lleva una máscara parecida a la del predator y estirado puede llegar a medir 2'20m.

Description:

Cazador garif de las montañas, una persona ya mayor pero que se conserva bien, de comportamiento tranquilo, a veces lento. Le gusta ser precavido, no habla sin saber y prefiere mucho mas escuchar.
Realmente bajo esta forma de ser existe un espíritu de un niño, le gusta descubrir y conocer, quedarse fascinado por las cosas mas simples, y por supuesto no oculta su ignorancia anta todo lo que ven nuevo sus ojos.
Baltarius no es nada fuera de lo común en lo referente a los garif: pacífico, hospitalario, sabio, sin bajas pasiones ni malas intenciones, aunque bastante desconfiado de las otras razas y lenta capacidad de adaptación fuera de su tribu.
Baltarius es consciente que dicha desconfianza no le ayudará porque fuera de su tribu no sabe moverse y tampoco es que sea un gran combatiente por lo que en muchos aspectos depende de sus compañeros. Le gusta ir en primer lugar junto a su loba para distraerse rastreando el suelo y los demás elementos. No tiene ni quiere dotes de liderazgo pero si que le gusta ser el mediador en los conflictos.
Por último, en su faceta sociable charla con mucha gente e intenta casi siempre devolver el mismo trato con las demás personas, sean del bando que sean. No suele dejarse llevar por las emociones por lo que en general es sereno y educado.

Bio:

LA HISTORIA DE MI VIDA

Yo era en mi vida sedentaria, un cazador que, además de cazar, mis servicios en la tribu destacaban por recolectar plantas y elaborar medicinas. La tribu servía como paso de montaña obligatorio para todo aquel que quisiera pasar la cordillera nevada. Hacía ungüentos y antídotos para las enfermedades típicas de la región (en su mayoría un puré de plantas que paleaban los efectos del frío en el cuerpo) que traían los extranjeros que se hospedaban de paso por el pueblo, para su fabricación tenía como fuente de recursos naturales un frondoso bosque que excepto en verano, siempre estaba nevado.

Los agricultores y granjeros garif tienen una curiosa y lenta forma de producir la comida. Nunca pueden quitar las plantas de raíz, las malas hierbas son trasplantadas a las afueras de la tribu y los cultivos no son rectilíneos y cuadriculados, son dejados libremente en un área de cultivo. Los ganaderos garif no pueden sacrificar a un espécimen de su rebaño si no ha dejado descendencia y dicha descendencia ya puede valerse por sí misma o si no ha dejado descendencia y su ciclo de reproducción ya ha pasado. Y otra cosa, jamás recolectan o sacrifican para tener reservas. Solo pueden coger lo que necesitarán para ese mismo día.

¿Qué porque os cuento la vida típica de los garif autóctonos de mi tribu? Luego veréis por qué.
Cierto día de trabajo matutino me desperté para volver al bosque debido a que la noche anterior, un joven garif, hijo de mi vecino había ingerido algo en mal estado. No era un caso raro, el padre y yo nos reímos cuando me repitió las palabras dulces e inocentes del pequeño. Él y yo compartíamos una cosa en común, nos encanta cuidar y ver crecer a los niños, yo a mis 41 años soy padre de dos pequeños a los que cuido con mucho amor junto con mi esposa, el mayor de los dos se llama Bracnar de 13 años, y la verdad es que no comparte mucha afición con mi oficio. Dice que preferiría pasar a ser ayudante del chaman de la tribu y futuro chaman después de él; y mi otro retoño es mi niña Palmantia de solo 7 añitos, ésta sí que siente una fuerte admiración por mi trabajo, supongo yo que porque me ve trabajando con bonitas plantas y de vez en cuando después de la polinización de las flores, le traigo alguna para que me dé un fuerte abrazo. También en mis más de 20 años ejerciendo este oficio aprendí a escuchar al bosque, la brisa de entre los árboles, el sonido de las ramas zarandeándose, las relaciones entre las diferentes especies que lo habitan… llegaron a tratarme como a uno de los suyos, me dieron los secretos para pedirles ayuda si alguna vez lo requiriese, probé inocentemente qué podía llegar a crear. El poder que residía en mí para provocar daño me aterró y me juré a mi mismo que no iba a usarlo con fines bélicos.

Perdón, por donde iba… ¡ah, sí! lo de la mañana por petición de mi vecino, era principio de invierno si no recuerdo mal cuando fue este encargo, las plantas que necesitaba sabía hallarlas perfectamente en el bosque al que iba, la noche anterior no salí a buscarlas debido a una nevada, y por tanto el suelo estaba cubierto por unos 15 cm de nieve, pero las plantas seguirían ahí sin ninguna duda a la mañana siguiente, así que me fui con lo puesto y con la daga que uso para cortar la parte justa de la planta para que siga creciendo después del corte. Me adentré en lo profundo del bosque cubierto de nieve. La distancia que hay desde mi casa (que es una de las más alejadas del centro de la tribu) hasta el bosque es de unos 150 metros nada más. Cuando llegue a la ubicación de las plantas ni siquiera tuve que desenterrarlas de la nieve, saque mi daga y empecé a cortarlas con sumo cuidado, como lo haría un agricultor de mi tribu con sus cultivos.
De repente escucho el chillido a lo lejos de mi hija Palmantia. Me levanto corriendo asustado dejando los brotes que corté pero no la daga, corrí en su dirección como nunca antes lo había hecho. Cuando llegué la vi a ella recubierta de una savia que proyecta una flor de las más bonitas como método de defensa, en sí, la savia lo único que hace es dejarte rígidas las zonas con las que hace contacto en tu cuerpo, pero sin ningún efecto perjudicial, lo que si hace es atraer por el olor a los lobos del bosque. Los guardianes garif de la tribu me suelen pedir ese tipo de savia para recubrir los alrededores de la tribu y así distraer a los lobos para que no ataquen el poblado. Cuando me acerqué a ella la tranquilicé y la limpié con nieve lo que pude.
Acto seguido aparecieron por detrás de nosotros una manada de unos 5 lobos que viven en el bosque durante todo el año. Mantuve la calma cogí a mi niña y la puse encima mía como hacemos los garif a la hora de trasportar a los pequeños, lo normal es que se agarren a nuestra cornamenta pero si son muy pequeños como el caso de mi hija se agarran a la melena del adulto. Yo esperaba que no se atreviesen a atacarme pero creo que tuvieron que confundirme con alguna especie de reno bípedo porque no les intimidé.

Empezaron a rodearme, yo me encorvaba con la daga en la mano porque sabía que lo primero que me atacarían sería los tobillos o el muslo y puse los brazos antes. Uno de ellos se apresuró a ser el primero en atacarme, optó por saltarme a la máscara, yo puse el antebrazo de mi brazo izquierdo como acto reflejo y sus mandíbulas me lo atenazaron al instante, en ese momento entre el dolor y los chillidos de mi hija me puse de nuevo erguido y levanté a más de un metro del suelo al lobo que seguía persistiendo en mi antebrazo. Zarandeé a la bestia tanto como mi brazo me lo permitió, pero aún así no se soltó. Mientras lo seguía zarandeando con el objetivo de que me soltase, otros dos lobos me atacaron cada uno a una pierna y me tiraron de espaldas, mi hija cayó al suelo conmigo y echó a correr de la escena pero la nieve de 15cm y la savia de la flor no permitieron que mi hija fuera muy lejos, tropezó y dos lobos la siguieron los pocos metros que le dio tiempo a correr. Ella estaba tumbada en el suelo boca arriba observando cómo los dos lobos, mientras gruñían y la acechaban, se acercaban lentamente. Mientras tanto, yo conseguí quitarme al lobo que estaba empeñado con mi brazo, pero uno de los que estaba con mi pierna se subió encima de mí y me empezó a morderme el hombro del brazo derecho. Yo entre el frío y la adrenalina me desentendí de mi cuerpo para ver cómo estaba mi hija desde mi posición (porque seguíamos teniendo contacto visual el uno con el otro), ella se pegó la espalda a un árbol cercano mirando los ojos de los dos lobos.

¡EN ESE MOMENTO! Sin que me fuera posible llegar hacia ella, un instinto que no conocía en mí, cumplió mis deseos de una forma horrible… alcé sin darme si quiera cuenta mi brazo malherido y ensangrentado al aire entre los mordiscos de los lobos ,conjuré los poderes que tanto me aterraban casi poseído por ellos, sin saber lo que hacía y hablando palabras que yo jamás diría…
DE PRONTO se hace el silencio, el suelo empieza a temblar, los lobos dejan de morderme y de prestar atención a mi hija, agachan las orejas, rápidamente se giran en dirección de huida pero no les da tiempo a dar tres pasos cuando del suelo emergen unas raíces de los árboles tan gruesas como mi cornamenta de garif que les atrapan las patas, las cinturas, los cuellos y los hocicos de los lobos. Los estampan de pronto contra el suelo, y de la presión que ejercen las raíces contra ellos les arranca unos gemidos (esos llantos que provoqué los sentía casi tanto como ellos) la presión contra el suelo se vuelve ya insoportable para los huesos de los lobos y paran los gemidos para dar lugar al sonido de los huesos rotos en sus organismos y finalmente tras morir los lobos las raíces volvieron a la tierra.

El suelo ya no es blanco nieve, es rojo sangre. Mi hija aterrada, aun viendo que no hay peligro no se atreve a moverse, hasta que me levanto del suelo y le extiendo los brazos para que volviese a mí…

Al regreso a la tribu devuelvo a casa a la pequeña Palmantia y le explico lo sucedido en el bosque a mi esposa, ella me ve de dos maneras en ese momento:
1ª: como la de un héroe por salvar a nuestra hija de una manada de lobos.
2º: como la de un garif que ha desobedecido las normas de la sociedad de nuestra raza, en el fondo tiene razón, he alterado el ciclo natural del bosque porque ya las presas de los lobos de esa manada seguirán viviendo y los animales que iban a cazarlos para obtener su carne ya no la obtendrán, sin contar las futuras generaciones de lobos que he condenado a muerte.

Descansé y me vendé las heridas. Dándole vueltas sobre que debería hacer un garif que no ha cumplido la gran ley que todos los de mi especie compartimos. Decidí dos cosas, la primera era intentar restablecer el orden natural del bosque, por lo que me adentré de nuevo con las vendas ensangrentadas en medio de la noche de tormenta de nieve hacia la escena del combate-

Allí seguí el rastro de los lobos en sentido de la huida que iban a hacer, me resultó fácil, simplemente tuve que seguir las marcas de garras que dejan estos en los árboles para marcar su territorio. De pronto oigo los aullidos de los pequeños lobos, al llegar me encuentro a muchos cachorros de lobos todos juntos para mantener el calor entre ellos, algunos atrevidos salieron de la pequeña madriguera en busca de sus padres y fallecieron a los pocos metros por el frío (me di cuenta, de que…por salvar a mi “cachorro”, he matado a muchos otros). Cogí a todos los que aún seguían con vida (8 crías) y los traje a mi casa allí les dimos de comer y acordé de quedarnos con una pareja, el macho se quedaría en casa, y la hembra se quedaría conmigo, el resto se los daríamos a algún extranjero que supiese cuidar de ellos.

¿Por qué esta iniciativa con la pareja de lobos? Era con la intención de restaurar la manada de lobos que fallecieron por mi culpa.

Y la segunda cosa que decidí, fue ir a hablar con el chamán de mi tribu a la mañana siguiente.
Entonces nos encontramos los dos solos en la enorme cámara de oración para las ceremonias de reencarnación esper.

Le dije que ya no me sentía parte de la sociedad garif además de que los habitantes no eran ya del todo confiados ni abiertos conmigo. Él, que también era padre se apiadó de mí y me dijo que en el fondo nadie me guarda rencor por lo que hice, solamente que no te consideran digno de seguir viviendo entre ellos, como si se tratase de un extranjero más. Lo más sensato sería abandonar la tribu cuando hubiera pasado mis conocimientos de botánica a un predecesor y que en verano, que es cuando se descongela la nieve me fuera de la tribu.

- Eso mismo haré venerable chamán- le dije, y además, le pregunté:
- ¿pero… a qué lugar debería peregrinar, señor?-

En ese momento…él se quedó callado y pensativo…de pronto me miró y me dijo:
-Eres un Kalerio, tu abuelo (mi maestro) fue el mejor chamán que ha regentado este templo, consiguió dar a conocer esta tribu en los mapas gracias a sus excelentes dotes como maestro espiritual y tremendo poder en simbiosis con la naturaleza. Muchos veteranos garif aspirantes al puesto de chamán de sus tribus peregrinaban aquí en busca de consejo y sabiduría de tu abuelo y si tu padre no hubiera vuelto a la tierra tan prematuramente o tú te hubieras decantado por seguir sus pasos, todos los demás chamanes de las otras tribus os hubieran dado su voto de aprobación para que salieseis como nuevo chamán, pero todo eso ya lo sabes… a lo que quiero llegar con todo esto, es que no permitiré que su apellido caiga en desgracia por este suceso… De manera que te concederé una retribución completa de tus actos para que puedas en un futuro volver a estar entre nosotros…

Su discurso me desoló al principio pero al final me alegré sabiendo que podría salir bien parado de mi situación y la de mis generaciones en general. Me dejé llevar por la ilusión que me invadía y únicamente pude responder con una pregunta que dirigida hacia el chamán de la tribu, era una falta de respeto:
- ¡¿Qué debo hacer Pleifer?!-

Dejando escapar esa insubordinación, él simplemente me dijo que le siguiera. Yo, mucho más calmado, agaché la cabeza y asentí. Estaba confuso por la importancia de lo que tuviese que decirme (tenía que ser algo sumamente importante para no poderse hablar en una sala comunitaria como era la sala de oración). Nos dirigimos hacia sus aposentos personales y cuando entramos me pidió que cerrara la puerta (objeto que en muy pocos lugares hay en las tribus, porque los portales garif simplemente se cubren con una cortina en señal de que somos una comunidad sin nada que ocultar los unos de los otros) mientras él se acomodaba en su enorme cojín.

Cuando entré veía que no había cambiado mucho el mobiliario de cómo lo tenía mi abuelo. Ya hace mas de 10 años desde que falleció.
-Toma asiento Baltarius, lo que te voy a contar es va a llevar un buen rato… Y no es que sea muy fácil para mí decírtelo…

Ciertamente, tras un largo rato, el Chamán acabó contándome unos importantes secretos y encomendándome una misión muy importante para nuestra raza. Por lo visto, cosas horribles podrían ocurrir si yo fallase en este inefable cometido.

También solventó mis dudas sobre la alteración de la vida, diciéndome que todo acto que realizase en contra de la naturaleza y la vida en los viajes que realizase, serían también perdonados, pero que no debía contárselo nunca a ningún garif extranjero, pasase lo que pasase.
Cuando salí de sus aposentos con la mirada fría cavilando sobre las muchas dificultades que me iban a deparar y del tiempo que me alejaría de mi familia, me entristecí enormemente pero me negué a mi mismo el sentirme abatido. Por la preocupación que podría generar en mis hijos o en mí esposa, debía mantenerme firme.

Al regresar a mi casa al anochecer acosté a los niños después de la cena en familia y cuando estuve a solas con mi esposa Sazory le conté mi situación.

Trascurrió todo el invierno y primavera hasta verano, yo aprendiendo las lecciones teóricas y prácticas que me impartía el chamán y a la vez enseñando yo a otro joven garif, que me respetaba mucho por mi trabajo, las diferentes plantas y remedios que se pueden hacer con dichas plantas. También fueron ganando algunos kilitos los dos cachorros de lobo que adoptamos, podrían tener un mes solamente cuando los salvé del invierno. Ambos, por razones de seguridad de los ganaderos, permanecían en las afueras del bosque donde dormían en unas casetas que les hizo el carpintero.

Al llegar el verano, en una tarde que me dirigí al templo del chamán que está dentro de la pared de una montaña para seguir con las lecciones. Me recibió con dos regalos: el primero era un arco largo garif con runas dibujadas y el segundo regalo fue un hacha tomahawk (rara entre los garif, puesto que es un arma exclusiva de combate), además me dio la información final sobre la misión y su bendición para mi largo viaje. Así fue cuando preparé la mochila de viaje, me despedí entre lagrimas de mi familia, cogí mi daga, el cayado que me regaló mi vecino (como agradecimiento por haber curado a su hijo aquel fatídico día), y a la pequeña cría de lobo hembra que acordamos que me llevaría yo para que cuando la soltásemos en libertad de nuevo en el bosque, no fuese un animal criado en cautividad plenamente y que pudiese defender a sus crías una vez las tuviera con el lobo macho que se quedó como nuevo guardián de la casa.

Baltarius Kalerio

FF R.o.A.: Relatos de Edén Xeco